Gobernanza de la información
Con la entrada en vigencia de la nueva Ley de Protección de Datos, muchas organizaciones están comenzando a desarrollar modelos de gobernanza para el uso de inteligencia artificial. En un contexto marcado por la incertidumbre regulatoria, derivada de la falta de nombramientos en la futura Agencia de Protección de Datos y del lento avance del proyecto de ley sobre Inteligencia Artificial, resulta especialmente útil observar las tendencias y recomendaciones que surgen desde otras jurisdicciones.
En una reciente publicación, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) plantea que el foco no debe estar en perseguir tratamientos o sistemas de IA perfectos. Lo relevante es que las organizaciones conozcan las limitaciones de sus sistemas, las documenten adecuadamente y establezcan controles que permitan gestionarlas de forma efectiva.
Esto supone un cambio de paradigma. El desafío ya no consiste únicamente en contar con una política de privacidad, una base legal para el tratamiento de datos o la documentación formal con la que nos hemos ido familiarizando en los últimos años. El verdadero reto está en la organización interna, saber qué datos existen, quién accede a ellos, cómo circulan dentro de la empresa, qué calidad tienen y qué mecanismos permiten detectar y corregir errores, sesgos o desviaciones que puedan afectar los resultados.
La masificación de la IA generativa al interior de las organizaciones vuelve esta tarea aún más relevante. Si los datos son deficientes, están desactualizados o carecen de una gobernanza adecuada, la tecnología simplemente amplificará esos problemas. Por el contrario, una organización con procesos claros, métricas de control, supervisión efectiva y responsabilidades definidas tendrá una base mucho más sólida para innovar de manera segura y cumplir sus obligaciones regulatorias.
El punto de fondo es que la protección de datos ya no es solo una cuestión jurídica. La necesidad de controlar flujos de información, evitar usos indebidos, limitar accesos y prevenir escenarios de vigilancia excesiva ha convertido la gobernanza de datos en un asunto estratégico, incluso para empresas cuyo negocio históricamente no tenía relación alguna con la privacidad o la gestión de información personal.
En un escenario donde el uso de herramientas de IA será cada vez más transversal, las organizaciones que logren diferenciarse por la calidad de su gobernanza, la trazabilidad de sus procesos y la confianza que generan en el tratamiento de la información tendrán una ventaja competitiva relevante frente a clientes, inversionistas, colaboradores y demás stakeholders.
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